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La Revelación, la Tradición y la Sucesión...
La Revelación es la señal
inequívoca de que el Ser Divino que mora en ti, al que humana
e imperfectamente representamos en este mundo, te insta a cooperar
en la consecución de lo que significa la autorrealización
íntima de todas y cada una de sus diferentes partes autónomas
y autoconscientes.
El modo en que la Revelación se presenta a cada alma, como
da fe la larga y oculta tradición, es siempre diferente y
con arreglo a su propia condición psicológica.
Y de la Tradición hay que decir que se expresa externamente
cuando son los “hombres” quienes con necedad la imponen
para salvaguardar sus intereses egoístas, y es interna cuando
es dada por la persuasión misma del espíritu.
Mientras la tradición externa es como un ruidoso río
que todo lo arrastra y lo destruye, la tradición interna
es, en cambio, una corriente subterránea que, impulsando
y reuniendo, construye silenciosamente.
La tradición exotérica junta sus tesoros aquí,
en el mundo de las formas tridimensionales, con sus posteriores
consecuencias de la pérdida del alma. La tradición
esotérica cristaliza todos sus esfuerzos en la preciosa gema
de la Piedra Filosofal, que permite al alma existir en ambos mundos:
el absoluto y el relativo.
No habiendo interés ninguno por parte de la verdadera tradición
al respecto de las ambiciones y temores de este mundo, más
que el de seguir aquí un sendero permanentemente probatorio
para aquilatarse ante el oro del espíritu, no tiene Sucesión
física... No se transmite ni por raza, ni por credo o religión,
mucho menos por asuntos políticos o sociales. Habiendo en
todo el Universo un orden ya establecido por lo divino, lo humano
sólo se sujeta a ello, así consigue existir en armonía.
Un día la tradición verdadera volverá a gobernar
sobre la faz de nuestro mundo, entonces la Edad de Oro habrá
llegado de nuevo.
Del libro: Encuentro con Samael |